Día Internacional del Migrante

Reina Ruiz Lluch | Colaboradora de AIDEJOVEN | 18/12/2022

“Hola, me llamo Lucy y tengo 3,2 millones de años. Pertenezco a la especie Australophitecus afarensis. Vengo de la zona nordeste del continente africano y soy el ancestro de la humanidad más conocido. Me pusieron Lucy porque los antropólogos que me descubrieron en 1974 estaban escuchando en ese momento la canción de los Beatles titulada Lucy in the Sky with Diamonds”.

El descubrimiento de Lucy fue un acontecimiento notable en el mundo científico, ya que se encontró el 40% del esqueleto de una mujer de poco más de un metro de altura y con un cerebro del tamaño de un simio. A Lucy y a su especie se la considera una pieza clave en la evolución humana por su cualidad de ser un homínido erecto, con capacidad de moverse de forma bípeda. Ningún fósil puede erigirse como la madre de la humanidad, aunque de forma simbólica,

el recordar a Lucy nos lleva a reflexionar sobre nuestros orígenes, y el hecho de que nos hemos ido desplazando por el planeta movidos por las necesidades de supervivencia de cada momento. Los movimientos migratorios de la humanidad han estado propiciados por las variaciones climáticas, la morfología del terreno, las posibilidades de encontrar agua, comida o abrigo, siguiendo el instinto de conservación de la especie.

Hoy, en pleno siglo XXI, un alto porcentaje de personas sigue moviéndose por el planeta. En 2020 se estimó que había 281 millones de migrantes internacionales – número que se ha triplicado desde 1970–, es decir, el 3,6% de la población mundial vive en un país distinto al suyo. A finales de 2021se calculó en más de 59 millones el número de personas desplazadas en sus propios países debido a conflictos bélicos, violencia interna o como consecuencia de desastres naturales.

Las Naciones Unidas instituyeron el 18 de diciembre como el Día Internacional del Migrante. En 2016 la ONU aprobó una serie de medidas en la Declaración de Nueva York sobre Refugiados y Migrantes, en la que se reconocía el papel de los migrantes en la sociedad y se comprometía a proteger su seguridad, dignidad, libertad y derechos humanos. Desafortunadamente, estas resoluciones se han llevado a cabo en muy corta medida. Todos los años aumenta el número de migrantes que arriesgan sus vidas en peligrosas rutas. Desde 2014, más de 50.000 migrantes han perecido en el intento. Solo en 2021 hubo mil muertos en el Mediterráneo.

El incremento de las desigualdades entre países pobres y países ricos ha generado un aumento de la migración internacional. Para la mayoría de migrantes la única vía para llegar a otro país es la ilegal. Los que llegan, se encuentran sin papeles y desprotegidos. Los que consiguen trabajo de forma ilegal, suelen estar explotados. La burocracia para regularizar la situación de los migrantes es siempre complicada, a lo que se suma la dificultad de aprender otra lengua y manejarse en una sociedad muy distinta a la de origen.

Paradójicamente, los países ricos necesitan de esa migración para cubrir puestos de trabajo que la población local no está dispuesta a realizar por considerarlos de segunda categoría y de baja remuneración.

La situación del migrante nunca es fácil. Nadie se quiere ir de su casa por gusto, dejar a la familia, los amigos, la tierra, el mundo conocido y familiar para enfrentarse a un espacio, a menudo hostil, a otras gentes que no siempre acogen al migrante con los brazos abiertos siendo los casos de xenofobia bastante frecuentes. Sin embargo, las personas que abandonan su país, por los motivos que sean, comparten la ilusión y la esperanza de mejorar sus vidas y encontrar un mundo mejor; mundo que a menudo no cumple las expectativas imaginadas pero que, entre todos quizás podamos transformarlo en un mundo más solidario y comprometido con solucionar las graves desigualdades de este planeta. Y es que no hay que olvidar que estamos aquí gracias a que nuestros antepasados migraron y se movieron y buscaron mejores tierras donde vivir, mejores ríos o mejor clima. Porque de un modo u otro, todos somos migrantes o hijos de migrantes y todo el mundo tiene derecho a tener una vida mejor, todo el mundo tiene derecho a migrar y buscar otras alternativas para mejorar su existencia.

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