El Diccionario de la Real Academia –DRAE– define de forma somera el término violencia sin hacer referencia alguna a la violencia de género y a la violencia doméstica o intrafamiliar. Curiosamente, en el siglo XVIII el Diccionario de Autoridades (1726-1739) en una de sus entradas señala la violencia también como “el acto torpe ejecutado contra la voluntad de alguna mujer”. A lo largo de la historia las mujeres han sido objeto de la violencia ejercida por los hombres, y en pleno siglo XXI la situación dista mucho de lo que debería ser en una sociedad que pugna por la igualdad, los derechos, la dignidad y el respeto entre hombres y mujeres.
En diciembre de 1993, la Asamblea General de Organización de Naciones Unidas aprobó la Resolución que promovía la eliminación de la violencia contra la mujer. Violencia que el documento de la ONU definía como todo acto “que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”.
En 1999 la ONU instituyó oficialmente el 25 de noviembre como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Se eligió esa fecha, que ya se celebraba en algunos países latinoamericanos desde 1981, en conmemoración del día en que fueron asesinadas las hermanas Mirabal en 1960, víctimas de la represión del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo (1930-1961).
En 2006 la estadounidense Tarana Burke, activista por los derechos civiles, inició el movimiento Me Too (Yo también) para generar la toma conciencia sobre la presencia de la violencia, el abuso y la agresión sexual contra la mujer. En 2017 se internacionalizó el hashtag #MeToo tras salir a la luz pública las denuncias por agresiones sexuales e incluso violaciones del productor de cine Harvey Weinstein. Este caso generó un efecto dominó de testimonios y acusaciones múltiples por parte de mujeres de renombre contra otras figuras masculinas reconocidas en distintos ámbitos de la sociedad. Movimientos como #NiUnaMenos o #TimesUp también se han unido a la campaña de denuncia y concienciación para erradicar la violencia de género.
Este año se conmemoran los veinticinco años transcurridos desde la muerte de Ana Orantes, primer caso mediático de violencia machista en España. Ana terminó asesinada por su marido trece días después de denunciar públicamente en televisión los cuarenta años de maltrato, abusos y violencia continuada que sufrió en su matrimonio. En 1997 todavía no se hablaba de violencia de género, y la muerte de Ana Orantes, como la de muchas otras mujeres, se etiquetaba con el título de ‘crimen pasional’. El caso Ana Orantes marcó un punto de inflexión y toma de conciencia de la sociedad, que dio origen a la primera Ley contra la Violencia de Género aprobada en 2004 durante el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.
En este 25N se busca de nuevo reivindicar los derechos de las mujeres y promover la erradicación de todo tipo de violencia contra las mujeres y las niñas. Un informe reciente de ONU Mujeres señala que, desde la pandemia y según estudios realizados en trece países, dos de cada tres mujeres han sufrido algún tipo de violencia o conocen a alguna mujer que la padece. En España los números hablan por sí mismos: 38 mujeres asesinadas en este año a manos de sus parejas o exparejas; 1171 víctimas de la violencia machista desde el año 2003, año en que se empiezan a registrar estos datos. Queda mucho por hacer. A día de hoy, todavía un diez por ciento de los jóvenes adolescentes niega la existencia de la violencia de género. De ahí la necesidad de educar a la juventud en la igualdad, la justicia, el respeto y la tolerancia. De ahí el requerimiento a los gobiernos de implementar políticas de apoyo y protección a la mujer. De ahí, la idea de fomentar campañas educativas dirigidas a jóvenes y a la sociedad en general que ayuden a eliminar las conductas machistas, el maltrato, el abuso físico y psicológico y cualquier tipo de violencia contra la mujer. El camino todavía es largo y el paso lento, pero seguro, y desde aquí podemos decir: ¡Adelante, no hay vuelta atrás!
Artículo escrito por: Reina Ruiz

